José Luis González Llamas. Antropólogo


El patrimonio cultural, material e inmaterial, está vinculado a las particularidades de un lugar, ya sea una provincia, una comarca o una localidad concreta. Da sentido de arraigo al individuo y a la comunidad sobre un espacio concreto, en diferencia a otros lugares y a otros grupos. Tiene, por tanto, un uso social de carácter simbólico-identitario.

En la actualidad, debido fundamentalmente a la pérdida de población, el repertorio de bienes culturales está siendo utilizado como recurso para que, ahora más que nunca, los amantes del turismo cultural se acerquen a conocer las singularidades de un determinado lugar. Los visitantes buscan el romanticismo de lo “auténtico”, lo sugestivo de lo tradicional, el exotismo autóctono. Cierto es que en ocasiones tienen una imagen idealizada, estereotipada, como si el tiempo se hubiera detenido en algunos lugares. Se valora la distintividad, la especificidad, en contra de la tendencia homogeneizadora, en lo cultural, propiciada por la globalización en el mundo actual.

Pajar tradicional de Villar del Monte

Con la finalidad de promocionar lo propio y, en cierto modo, con el propósito de satisfacer la demanda de los que se acercan, se han creado, con más o menos acierto (pero ese es otro tema), infinidad de centros de interpretación, museos con distintas nomenclaturas o actividades variadas relacionadas con la cultura tradicional.

Debido a lo anteriormente señalado, es decir la utilización de la cultura como recurso económico, se ha generado un encendido debate. Por una parte están los que ven en el turismo un adversario del patrimonio, resaltando la contradicción que supone que los bienes de carácter identitario tengan un uso mercantilista. Éstos argumentan que se ha sobrepuesto el valor monetario sobre el metafísico, adquiriendo la categoría de  “formas simbólicas mercantilizadas”.

En otro lado se sitúa gran parte de la comunidad científica, que se inclina a pensar que los significados no quedan invalidados por la utilización del patrimonio cultural para crear iniciativas que proporcionen un beneficio económico.

En este sentido se plasmó en la Convención sobre la protección y la promoción de la diversidad de las expresiones culturales, firmada en París en 2005. En ella se hace referencia de forma reiterada a la estrecha vinculación de los aspectos económicos respecto del patrimonio cultural. Se considera que puede existir una perfecta convivencia e incluso complementariedad como factores de revitalización y desarrollo, favoreciendo la cohesión social e incluso posibilitando “la mejora de la condición de la mujer su papel en la sociedad”. Concretamente en su artículo 2, sobre los principios rectores, se alude al principio de complementariedad, anteriormente señalado, del siguiente modo:

“Habida cuenta de que la cultura es uno de los principales motores del desarrollo, los aspectos culturales de éste son tan importantes como sus aspectos económicos, respecto de los cuales los individuos y los pueblos tienen el derecho fundamental de participación y disfrute”.

Lo cierto es que los beneficios generados a partir de materiales asociados al patrimonio cultural suelen ser bien acogidos en las poblaciones. Los poseedores creen tener una gran suerte por ser dueños de un auténtico “tesoro”. Los que no lo tienen se lamentan por no contar con este recurso.

Pajar

En conclusión, teniendo en cuenta análisis ajenos y experiencias propias, podemos afirmar que el patrimonio cultural es para algunos pueblos un valor de primera magnitud, teniendo en cuenta que de él depende su propia supervivencia. Es, por lo tanto, una “materia prima” que puede impulsar la prosperidad en ciertos lugares. Por otro lado se puede constatar que en algunos territorios, debido al interés de los forasteros por la cultura tradicional y al éxito económico de iniciativas culturales, ha aumentado la predisposición a conservar el patrimonio, a mantener ciertas tradiciones o recrear algunas que estaban olvidadas. Se puede decir que en cierto modo se ha producido un “redescubrimiento” cultural, un sentimiento de pertenencia a una comunidad y una emoción renovada de su identidad.

Es cierto que una planificación o gestión errónea de cualquier iniciativa cultura puede producir efectos negativos. En este sentido es conveniente abogar por la sostenibilidad, evitar la sobreexplotación y el deterioro del medio ambiente. Es favorable no mantener una visión especulativa, de modo que el éxito no se contemple en términos cuantitativos, de beneficios económicos o número de visitantes. También es necesario ofrecer explicaciones fundamentadas, situadas en el contexto cultural adecuado, para no reincidir en imágenes estereotipadas que tanto daño hacen.

Como es evidente, apenas se pueden lanzar algunas ideas en un texto de extensión tan limitada. Conviene pararse a razonar las diversas cuestiones expuestas, que quizá puedan ser explicadas en otras ocasiones.

2 comentarios
  1. MARÍA Ramón
    MARÍA Ramón Dice:

    Gracias José Luis, excelente visión sobre la necesidad de fomentar turismo Sostenible poniendo en valor el derecho fundamental de disfrutar y desarrollar nuestra cultura y patrimonio.

    • Icíar
      Icíar Dice:

      Muy buen artículo Jose Luis. Es verdad que en algunos lugares se han hecho parques temáticos (no solo en los pueblos, también en ciudades) y eso vulnera la autenticidad del patrimonio cultural y apabulla a la población que reside en ellos, pero es cierto que en la mayoría de los casos aumenta el orgullo de pertenencia, las acciones para protegerlo del deterioro, y aplicando políticas de sostenibilidad adecuadas, es una herramienta estupenda para el desarrollo, sobretodo rural.

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